LA BIBLIA EXPLICADA

11 abril, 2014

PREDICAR LA RESURRECCIÓN ES UNA BUENA NOTICIA

Filed under: Entretenimiento,libros - religión,Salud y bienestar — eingel1 @ 22:11

Juan 21: 1 – 14

1-Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.

2 Estaban juntos
Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de
Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos
contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron
nada.

Por analogía, salir a pescar hombres sin Jesús es inútil, salir a pescar sin el Espíritu Santo es lo mismo que nada. sin la guía del Espíritu es como predicar en un desierto donde no hay nadie. es predicar sin la fe.

4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Desde lejos es difícil reconocer a una persona, también es difícil reconocer su voz. es evidente que los discípulos estaban lejos no cerca como debían estar. por medio de la fe.

Después de 2.000 años, el mundo se debate en una lucha de poderes, incluso en la gran cantidad de denominaciones “cristianas” – cada una de ellas han elegido su propia estrategia para llevar aguas a su molino, hay mucha soberbia y grandes deseos de poder.

la predicación del Evangelio, debe ser tan puro como el mismo Evangelio, de lo contrario, no se podría entender, no se entiende. no se lo puede reconocer como palabra de Dios, pues el Evangelio no puede ser adulterado, las palabras ya no son Espíritu

5 Díceles Jesús:
«Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.»

Así sucede cuando equivocadamente empleamos nuestros propios criterios para “evangelizar ” o dar una noticia que resulta inconsistente. o sin sentido.

6 El les dijo:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron,
pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.

Los creyentes, todos podemos Evangelizar o dar la buena noticia, es decir, enseñar de acuerdo a nuestra propia experiencia. pero siempre siguiendo a Jesús, y su Espíritu, – con nuestro propio criterio. no podremos ser pescadores de hombres.

7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el
vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar.

Juan, reconoce a Jesús, se da cuenta porque, ¿ quien otro podría saber donde tirar las redes ?

8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

No es la distancia lo que nos aleja de Dios, sino nuestra ceguera espiritual.

9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.

10 Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.»

Algunos de esos “peces” – serán en el futuro los nuevos apóstoles.

11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y
tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.

Si enlazamos este versículo con la parábola del sembrador, veremos que estos peces grandes son la tierra fértil que al sembrarlas dan buenos frutos. la red es irrompible, porque es una red de amor. amor Divino – amor fraternal. amor familiar.

12 Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
«¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.

13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.

Y así nuevamente la Buena noticia, porque la buena noticia es enseñanza que viene de Dios, y nadie aprende en una sola lección.

14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Tercera ves, porque no fue suficiente una primera y una segunda ves, – si Jesús se manifiesta en ti una primera ves, – no te despegues nunca más, que esa primera ves no sea solo un recuerdo en tu vida.

Hemos hablado tanto de lo que hizo Jesús hasta su calvario y crucifixión, ahora, – es necesario hablar y predicar la resurrección – y de lo que puede hacer Jesús en nuestra vida, en nuestro futuro y la de nuestros hijos, porque es nuestro Señor, nuestro maestro.

Es hora de estar dispuestos a ser enseñado por el mismo Dios por medio de su Espíritu Santo.

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