LA BIBLIA EXPLICADA

9 abril, 2010

LA PREDICACIÓN DE LA RESURRECCIÓN – NUESTRO FUTURO Y LA DE NUESTROS HIJOS

Filed under: Sin categoría — eingel1 @ 23:30

Juan  21: 1 – 14







1-Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera.





2 Estaban juntos

Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de

Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.

3 Simón Pedro les dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos

contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron

nada.



Por
analogía, salir a pescar hombres sin Jesús es inútil,  salir a pescar
sin el Espíritu Santo es lo mismo que nada.  sin la guía del Espíritu 
es como predicar en un desierto donde no hay nadie. es predicar sin la
fe.






4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero
los discípulos no sabían que era Jesús.




Desde
lejos es difícil reconocer a una persona,  también es difícil reconocer
su voz. es evidente que los discípulos estaban lejos no cerca como
debían estar. por medio de la fe.




Después
de 2.000 años, el mundo se debate en una lucha de poderes,  incluso en
la gran cantidad de denominaciones "cristianas" – cada una de ellas han
elegido su propia estrategia para llevar aguas a su molino,  hay mucha
soberbia y grandes deseos de poder.




la
predicación del Evangelio, debe ser tan puro como el mismo Evangelio, 
de lo contrario, no se podría entender, no se entiende. no se lo puede
reconocer como palabra de Dios, pues el Evangelio no puede ser
adulterado,  las palabras ya no son Espíritu






5 Díceles
Jesús:


«Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.»



Así
sucede cuando equivocadamente empleamos nuestros propios criterios para
"evangelizar " o dar una noticia que resulta  inconsistente. o sin
sentido. 






6 El les dijo:

«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron,

pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de
peces.




Los
creyentes, todos podemos Evangelizar o dar la buena noticia, es decir,
enseñar de acuerdo a nuestra propia experiencia. pero siempre siguiendo
a Jesús,  y su Espíritu,  – con nuestro propio criterio. no podremos
ser pescadores de hombres.






7 El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el

vestido – pues estaba desnudo – y se lanzó al mar.



Juan, reconoce a Jesús,  se da cuenta porque,  ¿ quien otro
podría saber donde tirar las redes ?






8
Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los
peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.




No es la distancia lo que nos aleja de Dios, sino nuestra ceguera espiritual.





9 Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.





10 Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.»



Algunos de esos "peces" – serán en el futuro los nuevos apóstoles.



11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y

tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.



Si
enlazamos este versículo con la parábola del sembrador, veremos que
estos peces grandes son la tierra fértil que al sembrarlas dan buenos
frutos. la red es irrompible, porque es una red de amor. amor Divino –
amor fraternal. amor familiar.






12 Jesús les dice: «Venid y comed.» Ninguno de los
discípulos se atrevía a preguntarle:


«¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.





13 Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.



Y así nuevamente la Eucaristía, porque la Eucaristía es enseñanza que viene de Dios, y nadie aprende en una sola lección.



14 Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.



Tercera
ves,  porque no fue suficiente una primera y una segunda ves, –  si
Jesús se manifiesta en ti una primera ves, – no te despegues nunca
más,  que esa primera ves no sea solo un recuerdo en tu vida.




Hemos
hablado tanto de lo que hizo Jesús hasta su calvario y crucifixión, 
ahora, – es necesario hablar y predicar la resurrección –  y de lo que
puede hacer Jesús en nuestra vida, en nuestro futuro y la de nuestros
hijos, porque es nuestro Señor, nuestro maestro.




Es hora de estar dispuestos a ser
enseñado por el mismo Dios por medio de su Espíritu Santo.

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